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Clases particulares de Raquel

junio 25, 2008

Tengo que reconocer que después de lo de Ana me quedé hecho polvo. Me sentí un poco decepcionado y humillado. Lo peor ha sido la vuelta a las clases de spining, donde, para mi sorpresa, me he encontrado con que Ana no me ha dirigido la palabra. He intentado hablar con ella, pero ha hecho como si no me escuchase y no me ha respondido. A veces tengo la sensación de que no sé tratar con las personas.

Como ya es costumbre, Raquel me ha prestado su hombro para llorar. Cuando le conté lo que me pasó ella supo darme aliento. Pasé el último fin de semana en su casa, a petición suya, para olvidarme un poco de la mala experiencia. Gracias a que tengo a Raquel todo es mucho más fácil.

Estos días que he pasado en casa de Raquel han sido muy fructíferos. Hemos hablado mucho y le he pedido algunos consejos. Ella me ha dicho que yo no hice nada mal en la cita, pero que debería darme cuenta que las chicas quieren algo más. A mí me gustaría saber qué es ese algo más y yo quisiera dárselo a la chica a la que quiera conquistar.

Le conté como fue la cita y como me abordó Ana cuando estábamos en el parque. Raquel me dijo que es normal, que las chicas ya no son como antes, que ahora quieren ir más rápido, así que decidimos recrear ese momento en el parque para analizar mi comportamiento y el de Ana, y de esta manera Raquel pudiera darme algúnconsejillo.

Yo me senté en el sofá con Raquel al lado haciendo de Ana. Ella empezó a ponerme caras de niña buena mientras me tocaba la pierna, cerca de la ingle.Rápidamente pasó la mano a mi paquete mientras se lanzó a besarme. Yo estaba sorprendido ante una recreación tan real de la situación y me quedé paralizado.

– ¡Juanito, es normal que la chica se enfade, te has quedado paralizado como un idiota! Deberías tomarte esto en serio y poner algo de tu parte sino quieres que te pase con otras chicas.

Después de esto intenté tomármelo como lo que era, una interpretación, nada más.

Raquel volvió a la posición inicial en la cual me metía la lengua hasta la campanilla mientras me acariciaba el paquete. Yo le seguí el rollo y puse mi lengua en funcionamiento mientras le metí mi mano por debajo de la blusa para acariciarle sus maravillosas tetas, a lo que ella respondió desabrochándose el sujetador. Ella tenía los pezones muy duros, parecía que se lo estaba tomando muy en serio. Yo, en cambio, no conseguía concentrarme y provoqué otro enfado de Raquel.

– ¡Juanito, no entiendo como no te estás empalmando, lo tuyo no es normal!

Tengo que reconocer que me costó bastante seguir con la interpretación, pero gracias a la naturalidad de Raquel todo es mas fácil. Ella comenzó adesabrocharme los botones del pantalón y me metió la mano por debajo del calzoncillo, ante lo cual reaccioné con una importante erección que ella me agradeció. Me dijo que estaba empezando a pensar que yo eragay y que así se quedaba mucho más tranquila. Mientras seguíamos con los besos y las caricias, Raquel paraba de vez en cuando para darme algunas directrices, como decirme que que tenía que hacer con la lengua, como tenía que acariciarle los pechos, cuando comenzar a besarla por el cuello, y por último, como saber cuando ir más allá. Me dijo que era algo difícil eso de saber cuando ir más allá, que hay muchas chicas que llegados a este punto no quieren nada más y otras que llegados a este punto quieren sexo completo. Me dijo que lo mejor sería esperar a que la chica tuviera la iniciativa de ese algo más.

Tras esta sesión teatral con Raquel, llegó la hora de parar. Raquel me comentó que estas clases deberían quedar entre nosotros y que no contase nada a nadie. Por supuesto que conmigo no hay problema y yo soy una tumba, jamás perjudicaría a Raquel con lo mucho que me ayuda. Nos vestimos y yo me fui a coger el autobús para ir a casa, con la satisfacción de que ahora estaba un poco más preparado para una cita.

Mi cita con Ana

junio 1, 2008

Hace algunas semanas ya os hablé de Ana. Ella y yo habíamos entablado una relación amistosa tras el paso del tiempo en nuestras clases de spinning. Gracias a los consejos de mis amigas he ido acercándome cada día un poco más a ella. Por fin el otro día Ana me dijo que si quedábamos para cenar algo y yo le respondí que sí. De esta forma, este viernes hemos salido a cenar los dos juntos.

Ana es muy parecida a mí en muchas cosas. Ella también es tímida y no es ninguna belleza. Le sobran algunos kilos y suele llevar gafas, igual que yo. Los dos nos reímos de los cachas del gimnasio y de las chicas que van luciendo cuerpo. Nos parecen gente frívola y un poco tonta.

Este viernes habíamos quedado, como ya dije antes. Yo no sabía qué ponerme y ni siquiera dónde llevarla. Estaba preocupado por si no iba de acuerdo para la ocasión y le pedí consejo a Raquel. Me dijo que optase por algo intermedio, unos vaqueros y una camisa, así que la hice caso.

Cuando llegué al lugar donde había quedado con Ana me sentí aliviado. Ella se había puesto una ropa muy informal e incluso me hizo sentirme ridículo por ir demasiado bien vestido. Cuando me vio me me preguntó que si iba de comunión, ¡jajaja!. Sentí un poco de vergüenza, pero no pasa nada. También me hizo sentir un poco mal porque me preguntó que dónde había aparcado mi coche. La cara que se le quedó cuando le dije que yo no tenía coche era un poema.

Después venía el dilema sobre a qué restaurante podíamos ir, así que como yo no sabía muy bien qué quería comer Ana, le pregunté qué había pensado ella para cenar. Ella me dijo que Mc Donalds, que las hamburguesas eran su comida favorita y que le chiflaban. La verdad es que me quedé un poco planchado porque yo había estado pensando en restaurantes conocidos en la zona para comer tranquilos, pero no pasa nada, Ana es una chica sencilla y eso me gusta.

Sin más preámbulo, Ana y yo nos fuimos caminando hasta la hamburguesería. A ella le costaba un poco caminar porque no está acostumbrada, enseguida estaba sofocada y sudando como en las clases de spinning. Por fin llegamos al Mc Donalds y nos sentamos a cenar. Ana disfrutó mucho de la cena, se le notaba, al contrario que yo, que no me hacen mucha gracia las hamburguesas. Prácticamente no hablamos mucho durante la cena. Ana me contó que vivía con sus padres y que había tenido un par de intentos de suicidio en los últimos años. La verdad es que sólo habló ella y yo me limité a escucharla.

Después de cenar salimos del burguer y mientras Ana se encendía un cigarrillo, me preguntó que dónde estaba mi casa. Yo le respondí que vivía con mis padres y que no podíamos ir allí. Ana hizo un gesto con los ojos mientras echaba el humo hacia el cielo y me dijo que entonces no teníamos un sitio donde ir porque ella también vivía con sus padres. La verdad es que notaba a Ana un poco decepcionada con la cita y le pregunté que dónde quería ir. Ella me respondió que podíamos ir al parque del al lado a sentarnos un rato, así que fuimos para allá.

Llegamos al parque y nos sentamos en un oscuro banco apartado de las pandillas de chicos que andaban por allí. Ana seguía fumando sin parar encendiendo cigarrillos uno tras otro. Con toda naturalidad, mientras estaba fumando, deslizó su mano por mi pierna hasta llegar a la zona de la ingle. Me miraba de forma lasciva y parecía que esperaba algo que yo no sabía muy bien. Yo estaba asustado y ella se lanzó a por mi boca, metiéndome la lengua hasta adentro. Pasó de tener su mano en mi pierna a ponérmela directamente en el paquete. Tiró su cigarrillo e intentó desabrocharme los vaqueros para continuar con sus caricias por debajo de mi pantalón. Yo estaba un poco paralizado y sin saber qué hacer, así que Ana me cogió la mano izquierda y me la metió por debajo de su camiseta para que le acariciase las tetas. La verdad es que los nervios de la situación me podían, aquello no era lo que yo me esperaba de la cita.

De repente Ana paró y me sacó la mano de debajo de su camiseta. Me miró a los ojos y me dijo: “ ¿Qué coño te pasa?. Me quedé con cara de bobo y no supe que decir. Ana al ver que no decía nada reaccionó levantándose del banco y mientras se encendía otro cigarrillo me dijo:

– ¿Qué pasa, que no te pongo cachondo?. Sí ya me imaginaba yo que eras maricón. ¿Sabes lo que te digo? ¡Que ahí te quedas!, que yo me voy a mi casa.

Me dejó con cara de tonto y con los pantalones desabrochados en medio del parque mientras los chicos de alrededor nos miraban por las voces que estaba dando Ana. Ella se dio la vuelta y se fue de allí. Yo me quedé sentado sin saber qué hacer mientras Ana se alejaba del parque. La mezcla de vergüenza y de desilusión era muy grande y me puse a llorar mientras volvía la parada de autobús para irme a mi casa.

Reunión de chicas

mayo 18, 2008

Ufff!, lo de hoy ha sido muy fuerte. Son las 4 de la mañana y todavía estoy alucinando. Vengo de casa de Raquel de la reunión de “tuppersex” y lo hemos pasado genial. La verdad es que en un principio se me hacía raro ser el único chico de la reunión, pero me lo he pasado estupendamente.

Hace unas semanas Raquel había planteado lo de la reunión de “tuppersex”, pero las chicas se mostraron algo reacias en un principio. Hace unos días por fin se pusieron de acuerdo entre Raquel, Inés, Sara e Irene, que es la que traía el género, y hoy habían quedado para cenar en casa de Raquel, que es la única que vive sola. Como estos días yo he estado mal de ánimo, Raquel me propuso asistir a la cena con ellas cuatro. A mí no me hacía mucha gracia asistir pero la verdad es que me picaba la curiosidad y además estaría entre amigas y estos días me hacía falta.

Yo he sido el primero en llegar a casa de Raquel para ayudarla con los preparativos de la cena. Posteriormente han ido llegando las chicas, incluida Irene con sus cajas de “artilugios”. Irene guardaba las cajas como oro en paño para que nadie viera nada hasta que terminásemos de cenar, así que hemos estado intrigados hasta el final.

La cena ha estado genial. Raquel y yo hemos preparado unas pizzas para chuparse los dedos. Además las hemos acompañado con cuatro botellas de vino Lambrusco que he llevado yo de mi casa. A las chicas les ha gustado mucho el vino y no ha sobrado ni una gota de las botellas.

Como podréis suponer, las chicas se han puesto “contentillas” con el vino y rápidamente yo he sido el centro de atención de la fiesta. Me he sentido hasta deseado entre cinco chicas que bromeaban acerca del sexo y de lo hartas que estaban de los supermachos de gimnasio que luego tienen la cabeza hueca.

sex shop

Cuando hemos terminado las cena, Raquel y yo hemos servido las copas y nos hemos sentado todos a ver el muestrario que traía Irene. Os podéis imaginar las risas viendo a Irene sacar penes de gran tamaño de esas cajas. Las chicas se han quedado prendadas de un pene negro de 30 centímetros e incluso Inés lo ha comprado. Otro artilugio que les ha gustado ha sido el de las bolas chinas y han comprado uno cada una. Las risas eran continuas y las chicas no dejaban de beber.

Lo más fuerte de la noche ha sido cuando Irene ha sacado los geles lubricantes y de masajes. Primero han empezado a untárselo por la espalda para probar sus propiedades. Os podéis imaginar como me he sentido yo al estar entre las cuatro chicas en sujetador untándose cremitas. Rápidamente, Raquel, que me ha visto un poco aislado, me ha propuesto participar y he estado dando masajes a las chicas. Raquel, que esta muy loca, mientras yo le estaba masajeando, se ha puesto a juguetear con Inés, que la tenía delante. Le ha untado gel por sus tetas y a Inés le ha hecho mucha gracia, porque se ha quitado el sujetador como si nada. Todos hemos flipado en colores y las chicas se han vuelto locas dando gritos.

Cuando yo pensaba que alguna de las chicas iba a poner algo de cordura en esta situación, Irene ha cogido y se ha quitado también el sujetador para que Sara le masajease por delante. Cuando me he querido dar cuenta las cuatro chicas estaban sin sujetador untandose aceite en la misma habitación y yo ahí alucinando y muriéndome de vergüenza. Por un momento he pensado que era invisible.La cosa no ha quedado ahí, porque Raquel, de nuevo, ha llevado la voz cantante y se ha quitado los pantalones, haciendo que todas las chicas hicieran lo mismo. Han empezado ha untarse aceite por las piernas unas a otras. Aquello era digno de cualquier película erótica pero no era ficción, era real.

Las chicas han subido de tono sus tocamientos y Raquel e Inés han comenzado a besarse en la boca y a tocarse de manera más explicita. Parecían dos posesas que habían perdido la vergüenza. Raquel ha comenzado a meterle la mano por la braguita a Inés y esta le ha correspondido haciendo lo mismo. Estaban masturbándose entre ellas y nos han dejado anodádados a las otras dos chicas y a mí. Sara e Irene no han ido a mayores y se han puesto sus camisetas pero a Raquel y a Inés no había quien les parase, parecía que estuvieran en celo. Raquel se ha levantado y ha cogido de la mano a Inés para llevarla a su habitación. Después han cerrado la puerta y los demás nos hemos quedado con cara de tontos.

Las otras dos chicas y yo nos hemos quedado bromeando sobre la situación y hemos recogido la casa. Después de un rato las chicas han salido de la habitación y nos han mirado con una sonrisa picarona. Creo que han debido pasar un buen rato allí dentro.

Tras haber recogido, Irene ha cobrado los artículos a las chicas y nos hemos ido. Todos estábamos un poco cortados por la situación pero he de reconocer que me he reído mucho y creo que las chicas han disfrutado. Espero que repitamos reunión.

Mal de ojo

mayo 10, 2008

Llevo una temporada en que la mala suerte me persigue. La última ha sido lo de mis padres, lo que ha provocado que mi padre me quiera mandar al extranjero a estudiar. Dice que aprender inglés es muy importante y que para el mundo de la informática me vendrá muy bien. Yo en realidad creo que es una venganza por haberle descubierto a él y a Marcela.

El problema de mis padres ha derivado en algo peor de lo que parecía. Ahora Marcela ha comenzado a chantajear a mi padre y a mi madre con la difusión de “vídeos” entre los clientes de mi padre y publicarlos en Internet. Esto ha hundido a mi madre en una profunda depresión porque encima ha descubierto que además de llevar mucho tiempo siendo engañada, ha visto que mi padre es un depravado que se grababa y se hacia fotos en plan guarrete con otra mujer.

Yo ya no puedo soportarlo más y he pedido consejo a Raquel y a otra amiga mía, Inés. Inés me ha dicho que me entiende muy bien porque sus padres hace tiempo pasaron por lo mismo. Me ha dado útiles consejos como el de no meterme en medio de sus discusiones y no intentar hacer de celestino. Por otro lado la que más me está ayudando es Raquel. Ella me ha dicho que quizás esté afectado por algún tipo de mal de ojo o hechizo de brujería. A mí esas cosas me dan muy mal rollo, al igual que a Raquel.

Raquel hace tiempo pasó una mala racha parecida a la mía y me ha asegurado que lo que mejor le funcionó fue un Santero Cubano. Dice que le ayudó mucho y que desde que acudió a él las cosas le han ido mucho mejor. Ella fue porque se lo recomendó una amiga de la facultad y me dijo que yo también debería acudir, así que hace unos días hemos ido los dos juntos.

Cuando acudíamos al piso del Santero se me puso un fuerte nudo en el estomago. No estaba preparado para este tipo de cosas y tenía miedo de lo que pudiera decirme. En el fondo de mi mente pensaba que me iba a decir que no tenía ningún maleficio sobre mi persona.

El nudo del estomago se me hizo más grande cuando entramos en el piso y nos abrió la puerta una negrita vestida de una manera un poco estrafalaria. El olor a podrido y el humo de inciensos me dio una bofetada que despertó en mí unas tremendas ganas de vomitar, pero me aguanté. Entramos hacia dentro y un señor con un gorrito y muchos collares nos pidió que nos arrodilláramos y nos preguntó por el motivo de la visita.

– Me gustaría saber si tengo mal de ojo – le dije yo.

Él no me respondió, sólo cogió un hoja de una planta y empezó a pasármela por encima murmurando. Cuando terminó me miró con los ojos como platos y me dijo que yo estaba fatal. Con acento cubano me dijo que debería hacer un sacrificio de un gallo, urgentemente, y tomarme “noseque” mejunge. Yo me quedé sorprendido y asustado y le pregunte si era grave lo que me pasaba. Él me respondió que sí, que era realmente grave. Yo no pude hacer más que echarme a llorar a los brazos de Raquel que me acompañó en todo momento.

Mientras estaba llorando en brazos de Raquel, ella le pregunto que como hacíamos para quitarme el mal de ojo. Nos dijo que él haría los rituales y que nos preparaba la pócima a cambio de 2.300 €. Era una burrada de pasta, practicamente lo que yo tenía ahorrado, pero acepté y al día siguiente volvimos con el dinero.

Me dijo que el sacrificio lo realizaría este Sábado y que entonces me tendría que beber la bebida que me daba, que olía a rayos y que encima no era liquida del todo. Hoy la he bebido nada más levantarme como él me dijo y he vomitado. Espero que el haber vomitado no anule sus efectos y que junto con el sacrificio del gallo que el Santero estará haciendo hoy, todo se solucione. Raquel me ha dicho que esté tranquilo que todo funcionará, así que espero verlo en las próximas semanas.

La noche que pasé con Raquel ( II parte )

abril 13, 2008

Apenas había dormido nada pero los rayos de Sol que entraban por la persiana terminaron por espabilarme. Me quité de encima los brazos inertes de Raquel para poder ir al servicio a poder realizar las necesidades matutinas de mi cuerpo humano. Había descansado muy poco y me dolía la cabeza. Intenté acercarme al servicio sin apenas hacer ruido, caminando de puntillas para no despertar a Raquel. Cuando llegué al baño lo primero que hice fue orinar e inmediatamente después me lavé las manos y me mojé la cara con agua fría. Levanté la cabeza y me miré en el espejo; no me podía creer que una chica como Raquel hubiera pasado la noche con un tipo tan feo como yo.

Después de haber ido al baño, volví hacia la habitación. Cuando entré en la habitación vi a Raquel durmiendo sobre la cama, con las sábanas caídas en el suelo. Estaba preciosa. Sus perfectos muslos estaban al descubierto. Sus braguitas rojas la hacían aún más atractiva de lo que es. Su piel era fina y brillante como la porcelana; parecía tan frágil como lo es ella por dentro. Su carita de ángel con su boca entreabierta era el summun de la sensualidad. Me di cuenta de que no podía volver a la cama; su belleza me imponía un miedo atroz que me hizo quedarme paralizado allí en la puerta. Decidí entonces volver al baño y encerrarme.
durmiendo
Cuando entré en el baño me senté en la taza del water y me eché las manos a la cabeza. Estaba en una de las situaciones más bonitas y a la vez más incómodas de mi vida. Me quedé pensativo sin saber qué hacer. Estaba dispuesto a esperar que Raquel se despertase para salir del baño. Cuando levanté la mirada me di cuenta que la ropa que se había quitado Raquel en la noche anterior estaba allí tirada en una esquina. Allí había dejado su ropa interior también, un sujetador y un tanguita con delicado lazito de color rosa. Estaba hecho un lío y la verdad es que tenía una tremenda erección, así que agarré su tanga y lo tuve un rato entre mis manos.

En el momento que cogí aquel tanga me sentí como un cerdo por un segundo, pero pensé que no estaba haciendo nada malo. La sensación de tener ese tanga entre mis manos era como si estuviera tocando la piel de Raquel de una manera indirecta, algo que me lo hacía mucho mas fácil que hacerlo directamente. También lo acerqué a mi nariz para comprobar el olor que desprendía Raquel, era un olor maravilloso e indescriptible. En ese momento sentí la necesidad de masturbarme mientras jugueteaba con él, pero algo dentro de mí me lo hizo replantear. Pensé que aquello sería lo más parecido a hacer el amor con Raquel sin su consentimiento y eso no estaría bien, así que lo volví a dejar donde estaba.

Rápidamente me levanté de la taza del water y me volví a lavar la cara. Allí estaba yo, con una pinta horrible y en calzoncillos, frente al espejo. Mientras me miraba en el espejo oí como Raquel se estaba levantando. Vino hacía la puerta del baño y me dijo que tenía que entrar a usar el baño. En ese momento abrí y la dejé pasar mientras yo volvía a la habitación, no sin antes volver a fijarme en su bonito cuerpo tras su camisón transparente.

Cuando llegué a la habitación cogí mi ropa y me vestí. Me acerqué a la puerta del baño y le pregunté a Raquel si quería un café. Ella me dijo que sí, así que fui a la cocina y prepare uno para ella y uno para mí. Mientras preparaba el café Raquel se acercó a mí, ya vestida, me dio un abrazo y un beso en la mejilla mientras me decía: “gracias”. Me sentía un tío afortunado de tener una amiga como ella. En este momento sonó el teléfono móvil de Raquel, era su novio. Ella no sabía si cogerlo, pero yo le dije que adelante, que lo cogiese.

Para mi sorpresa, lo que en principio fue una contestación a la defensiva de Raquel ante aquel chico, se convirtió en una cita para comer y hablar del asunto. Vi como a ella se le encendió su mirada al conseguir una segunda oportunidad de aquel hombre. En ese momento me sentí totalmente asqueado. Sé que no tenía por qué sentirme así porque entre Raquel y yo no había nada más que una preciosa amistad, pero era mi sentimiento. Raquel, muy contenta, me dijo que había quedado a las dos y media de la tarde para hablar con él. Yo sólo supe forzar una pequeña sonrisa y darle la enhorabuena. Nos tomamos el café y me marché para casa después de desearla toda la suerte del mundo para solucionar el malentendido.

La noche que pasé con Raquel

abril 8, 2008

Siempre quedará grabada en mi memoria la noche que dormí junto a Raquel en su misma cama. Cómo por un instante sentí que era mia por una noche y cómo lo nuestro era algo más que una amistad normal y corriente.

Era un dia normal en el que yo estaba jugando al Counter Strike desde mi casa, cuando mi madre me trajo el teléfono y me dijo que era Raquel, que preguntaba por mí. Cuando cogí el teléfono oí cómo Raquel rompía a llorar de una manera tremenda. Sólo pudo articular tres palabras: “¡Juanito, te necesito!”. Después de oir esas palabras no me quedó más remedio que acudir rápidamente a su casa. Así que cogí el autobús y me presenté allí.

Una vez que llegué a su casa y ella me abrió la puerta, Raquel se me abalanzó llorando y me dió un tremendo abrazo que duró más de un minuto. Nos sentamos en el sofá y me comentó que había cortado con su novio, con el que llevaba más de seis meses. Yo le dije que no pasaba nada, que seguro que todo tenía solución y que no tenía porque ser para siempre. Ella me dijo que eso era imposible porque le habían dicho que su novio podría estar viéndose con otra chica a la vez que con ella. Yo le comenté que tal vez era una sospecha infundada y que no tenía porque ser cierto. Ella me miró a los ojos y me dijo que no había marcha atrás, que ella para vengarse había decidido enrollarse con el mejor amigo de él durante el día anterior.

Durante todo momento Raquel no dejó de agarrase fuertemente a mi mano. Mientras yo le limpiaba las lágrimas que caían sobre sus preciosos pómulos rosados. Ella estaba desconsolada y una vez más yo era la persona en quien más podía confiar. La verdad es que no soporto ver llorar a una mujer, pero a Raquel menos que a ninguna. Ella es la chica a la que yo mas quiero y odio que la gente la haga daño ¡Ojalá estuviera en mi mano castigar a esos malnacidos que han pasado por su vida y le han roto el corazón uno tras otro!

Me dijo que su novio la había llamado hacía un rato y que le había dicho que era una puta. Él le contó que había tenido una fuerte pelea con su mejor amigo porque hubo gente que le aseguró que habían visto a Raquel y a su amigo mientras se enrollaban en pleno bar de Juanjo. Él juró y perjuró que nunca le había puesto los cuernos a Raquel y que no entendía el por qué de esa infidelidad. Esto la hizo hundirse aún más ante la posibilidad de haber cometido un error tremendo.
abrazo
Raquel estaba muy mal, estaba hundida y me dijo que me necesitaba. Yo le dije que no había ningún problema y que allí estaba yo el tiempo que hiciese falta. Ella me propuso que pasara la noche con ella, que necesitaba abrazar a alguien. Aquello me confundió por completo y no respondí. Ella rápidamente me miró a los ojos, con esa mirada de color verde y me lo suplicó. No supe decir que no.

Después de haber cenado un poco de comida china, tocaba el momento de irse a dormir. Yo intentaba retrasarlo todo lo que pude mostrando un falso interes en la programación nocturna de la TV. Hubo un momento en el que mi intento de evitarlo me fue imposible. Raquel me pidió que nos fuéramos a la cama, que había tenido un día muy largo y necesitaba descansar. Así que cogió el mando de la TV y la apagó, me agarró del brazo y me llevó hasta su habitación.

Una vez en su habitación me di cuenta de que estaba en un apuro. Yo no sabía que dormiría allí y no había llevado pijama, por lo que me quité las zapatillas y me metí en la cama completammente vestido. Raquel me dijo que no fuera idiota, que podía quitarme la ropa para dormir. Así que, a regañadientes, me quedé con mis calzoncillos de modelo bóxer bajo las sabanas. Mientras tanto, ella fue al baño a cambiarse de ropa y apareció con un espectacular camisón semitransparente que dejaba vislumbrar hasta sus preciosos pezones.

Cuando los dos nos metimos en la cama, yo intenté separarme todo lo que pude de ella e incluso me giré hacia el otro lado para intentar no mirarla. Fué inutil porque ella se me acercó y me rodeó con sus brazos como si fuera un oso de peluche. Ni siquiera me lo preguntó, sólo lo hizo y yo por supuesto, no le dije nada en absoluto.

Sentir la piel de Raquel junto a la mia durante toda la noche fue muy bonito. Jamás lo olvidaré. Sus preciosos pechos apretados sobre mi espalda y su suave respiración acariciando mi nuca. Como es lógico no pegué ojo durante toda la noche, pero creo que mereció la pena. Desde aquel día Raquel y yo estamos más unidos si cabe.

Continuara…

Sin tetas no hay paraiso

abril 4, 2008

Antes de nada tengo que aclarar que uno es un ser humano y tiene sus necesidades. Por eso mi amigo Raúl y yo fuimos hace un par de meses a una zona de prostitutas muy conocida de mi ciudad.

Fuimos en su coche porque como ya dije antes yo no tengo y siempre dependo de los demás o del transporte público. Nos pusimos guapos para la ocasión con la esperanza de que si estábamos presentables las chicas se portasen mejor con nosotros y nos hiciesen alguna oferta especial.

Estuvimos pensando si íbamos a un club o a la calle, pero decidimos que lo mejor era ir a la calle porque así era más discreto para no correr el riesgo de encontrarnos con alguien conocido. Además a mi amigo Raúl le gustan mucho las negras y dice que las mejores son las que hay en la calle. A mí particularmente no me gustan, porque me recuerdan a los monos (ojo, hablo de las negras, negras, no de las Beyoncé o Alicia Keys), yo prefiero a las prostitutas de los países del Este.

Tan pronto llegamos a la zona, fuimos a la parte donde están las chicas del Este para que yo cumpliese el primero. Vi a una chica rubia, alta con una coleta que le llegaba hasta el culo. No tendría más de 18 años, tenía unas tetas tremendas y un culo perfecto. Nos acercamos con el coche. Cuando llegamos a ella, lo primero que hizo fue meterme la mano por debajo del pantalón y me empezó a hacer una paja mientras me miraba masticando chicle sin decir nada. Yo estaba a mil por hora y le dije que se subiese a la parte de atrás del coche sin ni siquiera preguntarle el precio. Salí del coche y me fui al asiento trasero con ella mientras mi amigo aparcaba a un lado.

Cuando llegué al asiento trasero ella me bajo los pantalones y me puso el condón con la boca. A continuación se quitó la ropa y se puso encima de mí. Mirándome a la cara, se agarro con una mano en cada agarradera de la parte de arriba de las ventanillas y empezó a balancearse como una loca. Yo estaba viendo cómo mi amigo se estaba haciendo una paja mientras miraba por el retrovisor, y cómo incluso le tocaba el culo a la chica por detrás. Yo mientras estaba agarrándola fuertemente de las tetas.

puta

Tardé unos 5 minutos en terminar, no pude aguantar mucho más. La chica cogió su ropa y se vistió. Le pregunte cuanto le debía y ella me dijo que 100 €. “¿¡ 100 Euros !?” Me pareció una estafa, pero no quería discutir y la culpa había sido aún mía por no negociar antes de follar, así que se los di. Creo que la puta ganó conmigo más que en toda la noche junta, pero en fin…

Después fuimos a la zona de las negras para que mi amigo Raúl terminase la faena. Se decidió bastante rápido, la verdad es que es normal porque no hay mucha diferencia entre unas y otras. Raúl me dijo que me saliese del coche mientras el follaba porque le daba vergüenza, (me pareció fatal porque mientras yo había estado follando él había aprovechado hasta para tocar) así que accedí y salí fuera. Estábamos al lado de un pequeño parquecito un tanto oscuro y hacía bastante frío. Yo estaba un poco acongojado por estar ahí en medio a oscuras, en esa zona de mala muerte.

Pronto se acercaron una panda de Latin Kings con muy malas pintas y malas intenciones.Me preguntaron la hora y yo me miré el reloj. Aún antes de que se la dijera, uno de ellos me agarró el brazo y me preguntó que cuánto me había costado mi reloj, mientras lo miraba. Yo le dije que no lo sabía, que era un regalo de mi madre. Él me dijo que lo quería ver y me lo desabrochó de la muñeca mientras yo estaba muerto de miedo. Me fijé cómo se lo guardó en su bolsillo e hizo como si nada. Luego otro de ellos me pidió un euro para llamar por teléfono y yo intenté hacerles creer que no llevaba nada, pero rápidamente me quitaron la cartera del bolsillo de atrás de mi pantalón. Miró los billetes que llevaba y los sacó todos. No sé exactamente cuánto dinero fue pero en ese momento me daba igual, solo quería que cogiesen lo que quisieran y se fueran. Y así fue, cogieron el dinero, tiraron la cartera al suelo y se marcharon. Fueron los cinco minutos más largos de mi vida.

Al cabo de un rato mi amigo Raúl tocó el claxon para decirme que ya había terminado. Me monté en el coche y no le dije absolutamente nada de lo que me había pasado. Arrancó y nos fuimos a casa sin prácticamente hablar.

Me gustaría haber olvidado una situación como esta, pero la mala suerte ha hecho que lleve un par de meses y aún me acuerde como el primer día. Debido a las ladillas que pillé, he tenido que raparme la zona púbica varias veces y lavarme con champús especiales hasta que ya han comenzado a desaparecer. Espero que no me vuelva a ocurrir algo así nunca más.