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Sin tetas no hay paraiso

abril 4, 2008

Antes de nada tengo que aclarar que uno es un ser humano y tiene sus necesidades. Por eso mi amigo Raúl y yo fuimos hace un par de meses a una zona de prostitutas muy conocida de mi ciudad.

Fuimos en su coche porque como ya dije antes yo no tengo y siempre dependo de los demás o del transporte público. Nos pusimos guapos para la ocasión con la esperanza de que si estábamos presentables las chicas se portasen mejor con nosotros y nos hiciesen alguna oferta especial.

Estuvimos pensando si íbamos a un club o a la calle, pero decidimos que lo mejor era ir a la calle porque así era más discreto para no correr el riesgo de encontrarnos con alguien conocido. Además a mi amigo Raúl le gustan mucho las negras y dice que las mejores son las que hay en la calle. A mí particularmente no me gustan, porque me recuerdan a los monos (ojo, hablo de las negras, negras, no de las Beyoncé o Alicia Keys), yo prefiero a las prostitutas de los países del Este.

Tan pronto llegamos a la zona, fuimos a la parte donde están las chicas del Este para que yo cumpliese el primero. Vi a una chica rubia, alta con una coleta que le llegaba hasta el culo. No tendría más de 18 años, tenía unas tetas tremendas y un culo perfecto. Nos acercamos con el coche. Cuando llegamos a ella, lo primero que hizo fue meterme la mano por debajo del pantalón y me empezó a hacer una paja mientras me miraba masticando chicle sin decir nada. Yo estaba a mil por hora y le dije que se subiese a la parte de atrás del coche sin ni siquiera preguntarle el precio. Salí del coche y me fui al asiento trasero con ella mientras mi amigo aparcaba a un lado.

Cuando llegué al asiento trasero ella me bajo los pantalones y me puso el condón con la boca. A continuación se quitó la ropa y se puso encima de mí. Mirándome a la cara, se agarro con una mano en cada agarradera de la parte de arriba de las ventanillas y empezó a balancearse como una loca. Yo estaba viendo cómo mi amigo se estaba haciendo una paja mientras miraba por el retrovisor, y cómo incluso le tocaba el culo a la chica por detrás. Yo mientras estaba agarrándola fuertemente de las tetas.

puta

Tardé unos 5 minutos en terminar, no pude aguantar mucho más. La chica cogió su ropa y se vistió. Le pregunte cuanto le debía y ella me dijo que 100 €. “¿¡ 100 Euros !?” Me pareció una estafa, pero no quería discutir y la culpa había sido aún mía por no negociar antes de follar, así que se los di. Creo que la puta ganó conmigo más que en toda la noche junta, pero en fin…

Después fuimos a la zona de las negras para que mi amigo Raúl terminase la faena. Se decidió bastante rápido, la verdad es que es normal porque no hay mucha diferencia entre unas y otras. Raúl me dijo que me saliese del coche mientras el follaba porque le daba vergüenza, (me pareció fatal porque mientras yo había estado follando él había aprovechado hasta para tocar) así que accedí y salí fuera. Estábamos al lado de un pequeño parquecito un tanto oscuro y hacía bastante frío. Yo estaba un poco acongojado por estar ahí en medio a oscuras, en esa zona de mala muerte.

Pronto se acercaron una panda de Latin Kings con muy malas pintas y malas intenciones.Me preguntaron la hora y yo me miré el reloj. Aún antes de que se la dijera, uno de ellos me agarró el brazo y me preguntó que cuánto me había costado mi reloj, mientras lo miraba. Yo le dije que no lo sabía, que era un regalo de mi madre. Él me dijo que lo quería ver y me lo desabrochó de la muñeca mientras yo estaba muerto de miedo. Me fijé cómo se lo guardó en su bolsillo e hizo como si nada. Luego otro de ellos me pidió un euro para llamar por teléfono y yo intenté hacerles creer que no llevaba nada, pero rápidamente me quitaron la cartera del bolsillo de atrás de mi pantalón. Miró los billetes que llevaba y los sacó todos. No sé exactamente cuánto dinero fue pero en ese momento me daba igual, solo quería que cogiesen lo que quisieran y se fueran. Y así fue, cogieron el dinero, tiraron la cartera al suelo y se marcharon. Fueron los cinco minutos más largos de mi vida.

Al cabo de un rato mi amigo Raúl tocó el claxon para decirme que ya había terminado. Me monté en el coche y no le dije absolutamente nada de lo que me había pasado. Arrancó y nos fuimos a casa sin prácticamente hablar.

Me gustaría haber olvidado una situación como esta, pero la mala suerte ha hecho que lleve un par de meses y aún me acuerde como el primer día. Debido a las ladillas que pillé, he tenido que raparme la zona púbica varias veces y lavarme con champús especiales hasta que ya han comenzado a desaparecer. Espero que no me vuelva a ocurrir algo así nunca más.

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