Archivo para junio 2008

Clases particulares de Raquel

junio 25, 2008

Tengo que reconocer que después de lo de Ana me quedé hecho polvo. Me sentí un poco decepcionado y humillado. Lo peor ha sido la vuelta a las clases de spining, donde, para mi sorpresa, me he encontrado con que Ana no me ha dirigido la palabra. He intentado hablar con ella, pero ha hecho como si no me escuchase y no me ha respondido. A veces tengo la sensación de que no sé tratar con las personas.

Como ya es costumbre, Raquel me ha prestado su hombro para llorar. Cuando le conté lo que me pasó ella supo darme aliento. Pasé el último fin de semana en su casa, a petición suya, para olvidarme un poco de la mala experiencia. Gracias a que tengo a Raquel todo es mucho más fácil.

Estos días que he pasado en casa de Raquel han sido muy fructíferos. Hemos hablado mucho y le he pedido algunos consejos. Ella me ha dicho que yo no hice nada mal en la cita, pero que debería darme cuenta que las chicas quieren algo más. A mí me gustaría saber qué es ese algo más y yo quisiera dárselo a la chica a la que quiera conquistar.

Le conté como fue la cita y como me abordó Ana cuando estábamos en el parque. Raquel me dijo que es normal, que las chicas ya no son como antes, que ahora quieren ir más rápido, así que decidimos recrear ese momento en el parque para analizar mi comportamiento y el de Ana, y de esta manera Raquel pudiera darme algúnconsejillo.

Yo me senté en el sofá con Raquel al lado haciendo de Ana. Ella empezó a ponerme caras de niña buena mientras me tocaba la pierna, cerca de la ingle.Rápidamente pasó la mano a mi paquete mientras se lanzó a besarme. Yo estaba sorprendido ante una recreación tan real de la situación y me quedé paralizado.

– ¡Juanito, es normal que la chica se enfade, te has quedado paralizado como un idiota! Deberías tomarte esto en serio y poner algo de tu parte sino quieres que te pase con otras chicas.

Después de esto intenté tomármelo como lo que era, una interpretación, nada más.

Raquel volvió a la posición inicial en la cual me metía la lengua hasta la campanilla mientras me acariciaba el paquete. Yo le seguí el rollo y puse mi lengua en funcionamiento mientras le metí mi mano por debajo de la blusa para acariciarle sus maravillosas tetas, a lo que ella respondió desabrochándose el sujetador. Ella tenía los pezones muy duros, parecía que se lo estaba tomando muy en serio. Yo, en cambio, no conseguía concentrarme y provoqué otro enfado de Raquel.

– ¡Juanito, no entiendo como no te estás empalmando, lo tuyo no es normal!

Tengo que reconocer que me costó bastante seguir con la interpretación, pero gracias a la naturalidad de Raquel todo es mas fácil. Ella comenzó adesabrocharme los botones del pantalón y me metió la mano por debajo del calzoncillo, ante lo cual reaccioné con una importante erección que ella me agradeció. Me dijo que estaba empezando a pensar que yo eragay y que así se quedaba mucho más tranquila. Mientras seguíamos con los besos y las caricias, Raquel paraba de vez en cuando para darme algunas directrices, como decirme que que tenía que hacer con la lengua, como tenía que acariciarle los pechos, cuando comenzar a besarla por el cuello, y por último, como saber cuando ir más allá. Me dijo que era algo difícil eso de saber cuando ir más allá, que hay muchas chicas que llegados a este punto no quieren nada más y otras que llegados a este punto quieren sexo completo. Me dijo que lo mejor sería esperar a que la chica tuviera la iniciativa de ese algo más.

Tras esta sesión teatral con Raquel, llegó la hora de parar. Raquel me comentó que estas clases deberían quedar entre nosotros y que no contase nada a nadie. Por supuesto que conmigo no hay problema y yo soy una tumba, jamás perjudicaría a Raquel con lo mucho que me ayuda. Nos vestimos y yo me fui a coger el autobús para ir a casa, con la satisfacción de que ahora estaba un poco más preparado para una cita.

Mi cita con Ana

junio 1, 2008

Hace algunas semanas ya os hablé de Ana. Ella y yo habíamos entablado una relación amistosa tras el paso del tiempo en nuestras clases de spinning. Gracias a los consejos de mis amigas he ido acercándome cada día un poco más a ella. Por fin el otro día Ana me dijo que si quedábamos para cenar algo y yo le respondí que sí. De esta forma, este viernes hemos salido a cenar los dos juntos.

Ana es muy parecida a mí en muchas cosas. Ella también es tímida y no es ninguna belleza. Le sobran algunos kilos y suele llevar gafas, igual que yo. Los dos nos reímos de los cachas del gimnasio y de las chicas que van luciendo cuerpo. Nos parecen gente frívola y un poco tonta.

Este viernes habíamos quedado, como ya dije antes. Yo no sabía qué ponerme y ni siquiera dónde llevarla. Estaba preocupado por si no iba de acuerdo para la ocasión y le pedí consejo a Raquel. Me dijo que optase por algo intermedio, unos vaqueros y una camisa, así que la hice caso.

Cuando llegué al lugar donde había quedado con Ana me sentí aliviado. Ella se había puesto una ropa muy informal e incluso me hizo sentirme ridículo por ir demasiado bien vestido. Cuando me vio me me preguntó que si iba de comunión, ¡jajaja!. Sentí un poco de vergüenza, pero no pasa nada. También me hizo sentir un poco mal porque me preguntó que dónde había aparcado mi coche. La cara que se le quedó cuando le dije que yo no tenía coche era un poema.

Después venía el dilema sobre a qué restaurante podíamos ir, así que como yo no sabía muy bien qué quería comer Ana, le pregunté qué había pensado ella para cenar. Ella me dijo que Mc Donalds, que las hamburguesas eran su comida favorita y que le chiflaban. La verdad es que me quedé un poco planchado porque yo había estado pensando en restaurantes conocidos en la zona para comer tranquilos, pero no pasa nada, Ana es una chica sencilla y eso me gusta.

Sin más preámbulo, Ana y yo nos fuimos caminando hasta la hamburguesería. A ella le costaba un poco caminar porque no está acostumbrada, enseguida estaba sofocada y sudando como en las clases de spinning. Por fin llegamos al Mc Donalds y nos sentamos a cenar. Ana disfrutó mucho de la cena, se le notaba, al contrario que yo, que no me hacen mucha gracia las hamburguesas. Prácticamente no hablamos mucho durante la cena. Ana me contó que vivía con sus padres y que había tenido un par de intentos de suicidio en los últimos años. La verdad es que sólo habló ella y yo me limité a escucharla.

Después de cenar salimos del burguer y mientras Ana se encendía un cigarrillo, me preguntó que dónde estaba mi casa. Yo le respondí que vivía con mis padres y que no podíamos ir allí. Ana hizo un gesto con los ojos mientras echaba el humo hacia el cielo y me dijo que entonces no teníamos un sitio donde ir porque ella también vivía con sus padres. La verdad es que notaba a Ana un poco decepcionada con la cita y le pregunté que dónde quería ir. Ella me respondió que podíamos ir al parque del al lado a sentarnos un rato, así que fuimos para allá.

Llegamos al parque y nos sentamos en un oscuro banco apartado de las pandillas de chicos que andaban por allí. Ana seguía fumando sin parar encendiendo cigarrillos uno tras otro. Con toda naturalidad, mientras estaba fumando, deslizó su mano por mi pierna hasta llegar a la zona de la ingle. Me miraba de forma lasciva y parecía que esperaba algo que yo no sabía muy bien. Yo estaba asustado y ella se lanzó a por mi boca, metiéndome la lengua hasta adentro. Pasó de tener su mano en mi pierna a ponérmela directamente en el paquete. Tiró su cigarrillo e intentó desabrocharme los vaqueros para continuar con sus caricias por debajo de mi pantalón. Yo estaba un poco paralizado y sin saber qué hacer, así que Ana me cogió la mano izquierda y me la metió por debajo de su camiseta para que le acariciase las tetas. La verdad es que los nervios de la situación me podían, aquello no era lo que yo me esperaba de la cita.

De repente Ana paró y me sacó la mano de debajo de su camiseta. Me miró a los ojos y me dijo: “ ¿Qué coño te pasa?. Me quedé con cara de bobo y no supe que decir. Ana al ver que no decía nada reaccionó levantándose del banco y mientras se encendía otro cigarrillo me dijo:

– ¿Qué pasa, que no te pongo cachondo?. Sí ya me imaginaba yo que eras maricón. ¿Sabes lo que te digo? ¡Que ahí te quedas!, que yo me voy a mi casa.

Me dejó con cara de tonto y con los pantalones desabrochados en medio del parque mientras los chicos de alrededor nos miraban por las voces que estaba dando Ana. Ella se dio la vuelta y se fue de allí. Yo me quedé sentado sin saber qué hacer mientras Ana se alejaba del parque. La mezcla de vergüenza y de desilusión era muy grande y me puse a llorar mientras volvía la parada de autobús para irme a mi casa.