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La noche que pasé con Raquel ( II parte )

abril 13, 2008

Apenas había dormido nada pero los rayos de Sol que entraban por la persiana terminaron por espabilarme. Me quité de encima los brazos inertes de Raquel para poder ir al servicio a poder realizar las necesidades matutinas de mi cuerpo humano. Había descansado muy poco y me dolía la cabeza. Intenté acercarme al servicio sin apenas hacer ruido, caminando de puntillas para no despertar a Raquel. Cuando llegué al baño lo primero que hice fue orinar e inmediatamente después me lavé las manos y me mojé la cara con agua fría. Levanté la cabeza y me miré en el espejo; no me podía creer que una chica como Raquel hubiera pasado la noche con un tipo tan feo como yo.

Después de haber ido al baño, volví hacia la habitación. Cuando entré en la habitación vi a Raquel durmiendo sobre la cama, con las sábanas caídas en el suelo. Estaba preciosa. Sus perfectos muslos estaban al descubierto. Sus braguitas rojas la hacían aún más atractiva de lo que es. Su piel era fina y brillante como la porcelana; parecía tan frágil como lo es ella por dentro. Su carita de ángel con su boca entreabierta era el summun de la sensualidad. Me di cuenta de que no podía volver a la cama; su belleza me imponía un miedo atroz que me hizo quedarme paralizado allí en la puerta. Decidí entonces volver al baño y encerrarme.
durmiendo
Cuando entré en el baño me senté en la taza del water y me eché las manos a la cabeza. Estaba en una de las situaciones más bonitas y a la vez más incómodas de mi vida. Me quedé pensativo sin saber qué hacer. Estaba dispuesto a esperar que Raquel se despertase para salir del baño. Cuando levanté la mirada me di cuenta que la ropa que se había quitado Raquel en la noche anterior estaba allí tirada en una esquina. Allí había dejado su ropa interior también, un sujetador y un tanguita con delicado lazito de color rosa. Estaba hecho un lío y la verdad es que tenía una tremenda erección, así que agarré su tanga y lo tuve un rato entre mis manos.

En el momento que cogí aquel tanga me sentí como un cerdo por un segundo, pero pensé que no estaba haciendo nada malo. La sensación de tener ese tanga entre mis manos era como si estuviera tocando la piel de Raquel de una manera indirecta, algo que me lo hacía mucho mas fácil que hacerlo directamente. También lo acerqué a mi nariz para comprobar el olor que desprendía Raquel, era un olor maravilloso e indescriptible. En ese momento sentí la necesidad de masturbarme mientras jugueteaba con él, pero algo dentro de mí me lo hizo replantear. Pensé que aquello sería lo más parecido a hacer el amor con Raquel sin su consentimiento y eso no estaría bien, así que lo volví a dejar donde estaba.

Rápidamente me levanté de la taza del water y me volví a lavar la cara. Allí estaba yo, con una pinta horrible y en calzoncillos, frente al espejo. Mientras me miraba en el espejo oí como Raquel se estaba levantando. Vino hacía la puerta del baño y me dijo que tenía que entrar a usar el baño. En ese momento abrí y la dejé pasar mientras yo volvía a la habitación, no sin antes volver a fijarme en su bonito cuerpo tras su camisón transparente.

Cuando llegué a la habitación cogí mi ropa y me vestí. Me acerqué a la puerta del baño y le pregunté a Raquel si quería un café. Ella me dijo que sí, así que fui a la cocina y prepare uno para ella y uno para mí. Mientras preparaba el café Raquel se acercó a mí, ya vestida, me dio un abrazo y un beso en la mejilla mientras me decía: “gracias”. Me sentía un tío afortunado de tener una amiga como ella. En este momento sonó el teléfono móvil de Raquel, era su novio. Ella no sabía si cogerlo, pero yo le dije que adelante, que lo cogiese.

Para mi sorpresa, lo que en principio fue una contestación a la defensiva de Raquel ante aquel chico, se convirtió en una cita para comer y hablar del asunto. Vi como a ella se le encendió su mirada al conseguir una segunda oportunidad de aquel hombre. En ese momento me sentí totalmente asqueado. Sé que no tenía por qué sentirme así porque entre Raquel y yo no había nada más que una preciosa amistad, pero era mi sentimiento. Raquel, muy contenta, me dijo que había quedado a las dos y media de la tarde para hablar con él. Yo sólo supe forzar una pequeña sonrisa y darle la enhorabuena. Nos tomamos el café y me marché para casa después de desearla toda la suerte del mundo para solucionar el malentendido.

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