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Crisis familiar

abril 27, 2008

Estos últimos días en casa están siendo terribles. Mis padres están sufriendo la peor crisis que yo he conocido. Han llegado a un punto en el cual no se miran a la cara y ni siquiera comparten habitación. Es muy probable que llegue el momento en el que uno de los dos tenga que irse de casa, y no sé si comenzar una vida de manera independiente.

Todo empezó hace una semana y media, aproximadamente. Mi madre había salido por la mañana para pasar el día con unas amigas y yo había salido a la facultad. Mi padre tenía ese día libre y se quedó durmiendo plácidamente mientras nuestra chacha Marcela limpiaba y preparaba la comida.

Después de haber pasado tres horas de clase decidí que ya había tenido bastante por hoy y cogí el autobús para volver a casa. Cuando abrí la puerta me sorprendió el absoluto silencio que reinaba en la casa. No veía a Marcela por ningún lado y tampoco a mi padre viendo la tele como suele ser habitual. Creía que Marcela habría salido a comprar y que quizás mi padre estaría aún durmiendo. No le di la mayor importancia y dejé mis cosas en mi habitación antes de entrar al baño.

No voy a decir lo que estaba haciendo en mi baño pero ya os lo podéis imaginar. Mientras estaba sentado en la taza escuché ruidos en la habitación de mi padre que me hicieron extrañar, así que terminé y fui para allá a ver que pasaba. Cuando entré allí encontré una situación bastante extraña, y es que mi padre estaba metido en la cama arropado con la sabana mientras miraba el periódico y Marcela limpiando el polvo del tocador de mi madre. El nerviosismo que noté en la mirada de ambos me puso la piel de gallina y un nudo en el estomago. Les saludé y me fui intentando ignorar cualquier pensamiento sucio que me hubiera pasado por la cabeza.

Al cabo de un rato mi padre bajó a la sala de estar y se sentó conmigo a ver la televisión. Estuvimos hablando de mis estudios y de una recompensa con cuatro ruedas para el final del curso, algo muy poco habitual en mi padre. El nudo de mi estomago estaba haciéndose muy pesado, dada la extraña situación, y decidí salir a dar una vuelta con el perro.
chacha
Ya a la tarde mi madre volvió de pasar el día con sus amigas y estuvo charlando con mi padre acerca de un regalo de cumpleaños para su amiga Paquita. Mi padre estaba algo ausente de la conversación y no dejaba de lanzarme unas miradas extrañas. El sentimiento de sospecha estaba dentro de mí y yo no podía soportarlo más, así que subí hacia la habitación de mis padres a echar un vistazo.

Una vez en la habitación vi algo muy raro. Era una maquina de fotos pequeña en un trípode de reducido tamaño sobre uno de los tocadores. La curiosidad me hizo olvidar el derecho a la intimidad de mi padre y tuve que revisar todas las fotos de la cámara. La sorpresa fue brutal. En las primeras fotos aparecía Marcela con el uniforme y con el plumero sonriendo a la cámara. Después las fotografías iban subiendo de tono y Marcela comenzaba a quitarse ropa. Seguí mirando y al final “la chacha” sólo llevaba encima el delantal blanco mientras posaba sobre de la cama con una estúpida sonrisa a la vez que pasaba el plumero por el cabecero.

A partir de este momento me puse a llorar pero pensé que no había pasado nada porque no tenía ninguna prueba de que mi padre y Marcela hubieran hecho el amor. Ese pequeño rayo de esperanza terminó por desaparecer al contemplar a Marcela y a mi padre follando en todas las posturas posibles mientras ella ni siquiera se quitaba el maldito delantal. Habían fotos a cuatro patas, de pie, tumbados, con la cabeza de mi padre entre las piernas de Marcela, etc… Era algo bochornoso, una pesadilla de la que quería despertar. Ahora la responsabilidad y la duda de si contárselo a mi madre, recaía únicamente sobre mí.

Tras llorar un rato en mi cuarto, bajé a llamar a mi madre y nos fuimos a la cocina a charlar a solas. Mientras, mi padre se dio cuenta del detalle y huyó a “lavar los coches al garaje”. Tras contárselo a mi madre y enseñarle las fotos, el llanto se apoderó de ella y me abrazó con fuerza preguntándome que podíamos hacer. Yo no supe que decir pero a partir de aquí los acontecimientos se han sucedido hasta dar lugar a la situación actual en la que mi madre y mi padre practicamente no se cruzan una mirada. Ahora la sombra del divorcio planea sobre la familia y Marcela ni siquiera a vuelto a aparecer por casa a dar una explicación. Desde entonces la sensación de culpa de haber destapado todo esto y haber destrozado la familia no para de rondarme la cabeza. Espero que todo se solucione de la mejor manera posible.

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